martes, 9 de mayo de 2017

El beso de Judas (1954)

Judas Iscariote busca a Jesús de Nazareth, el cual dicen que es el mesías y que liberará a Israel del yugo romano. Cuando le encuentra se une a los demás apóstoles seguidores de Jesús, pero se desilusiona cuando ve que Jesús no quiere ser rey de Israel porque su reino "no es de este mundo".



Aspa, productora especializada en películas religiosas (1), produce este retrato de Judas Iscariote bajo la dirección del prolífico Rafael Gil, uno de los directores más reconocidos del régimen franquista. De filmografía irregular, esta que nos ocupa es una notable versión del último período de vida de Judas Iscariote, junto a Jesucristo y el resto de sus apóstoles, tocando el tema religioso con la misma seriedad que podría tocarlo cualquier película de Hollywood o Europea. También es verdad que el conservadurismo del nacionalcatolicismo impedía hacer otra cosa que una visión fiel a la tradición bíblica.
Sorprende que a Judas se le trate con justicia y no sea un alegato furioso contra el villano más conocido de la cristiandad que traicionó a Jesús. Rafael Rivelles le da vida y hace uno de sus mejores papeles. Rivelles, que hizo un excelente Don Quijote en la lograda adaptación de Rafael Gil Don Quijote de la Mancha (1947), hace un personaje creíble, con dudas, como todos los apóstoles, con un Judas que no cree en las palabras de Jesucristo. Su inclinación a la rebeldía de las armas y su marcado caracter materialista, como se dice comúnmente "con los pies en la tierra", no le dejaba entender por qué Jesucristo no se proclamaba Rey de Israel y reivindicaba su derecho al trono.



En una escena vemos el fuerte caracter realista de Judas, el famoso momento cuando la hermana de Lázaro (2) le lava los pies a Jesucristo, con un perfume caro, y Judas entonces se irrita, se levanta y se queja de que con lo que vale ese unguento podrían comer muchos pobres. Jesucristo, que al fin y al cabo no le importa ese momento de relax, "una canita al aire", le dice que pobres siempre habrá pero que él tardará poco en morir. Esa contradicción entre el mensaje de caridad y el frivolismo más puro, en una cosa tan simple, es otra de las cosas que provoca que Judas quede desconcertado con el mensaje de Jesús. Les pasará a muchos en toda la historia de la cristiandad, al ver como la Iglesia atesora riquezas y comida mientras el pueblo llano lo pasa mal (es el motivo de graves momentos históricos en su contra, como la desamortización española, donde se expropiaron bienes y tierras de la Iglesia Católica que solo hacía atesorar).


Siempre es curioso ver cómo los apóstoles no sabían lo que hacer y simplemente hacían lo que les mandaba su maestro, la mayoría pensaban como Judas, que Jesucristo había venido para hacer una rebelión en la Tierra cuando no comprendieron que la rebelión de Jesucristo era espiritual. No lo comprendieron ellos hasta bien tarde, pero muchos de los que les sucedieron claramente lo obviaron, porque cuando una religión se institucionaliza y aspira a convertirse en la única verdadera por encima de las demás, como ocurrió con el cristianismo en Occidente (y con el Islam en Oriente medio) se pierde el sentido auténtico de lo que es.

Este que escribe sólo puede hablar con propiedad del cristianismo, no del Islam, y por tanto en este comentario a esta película, cristiana, no se hace más referencia a esa otra religión monoteísta. Por tanto, el hecho de que los apóstoles siguieran a un maestro espiritual, pero quizás militar, como ellos creían en principio, es prueba del poder de convicción que Jesucristo tenía. Los apóstoles no eran fanáticos en absoluto hacia la figura de su maestro, parecían más bien niños perdidos que encontraron alguien que les hablaba de ideas que a ellos les parecía gratas, hacía lo que predicaba (caridad al prójimo, no violencia...) predicando con el ejemplo, hacía esos conocidos milagros (resucitar a los muertos, curar a ciegos, convertir el agua en vino, multiplicar el pan...) con lo que en su sencillez llegaron a la conclusión de que sin duda, ese Jesús era algo especial. Claramente no creían con una fe ciega y fanática en lo que su maestro les decía, y entre medias, ocurren los problemas de conciencia de Pedro por haber fallado a su maestro (que no vemos en esta versión).


Aqui, lo que comenzó como una pequeña secta judía casi sin importancia que fue supuestamente desintegrada cuando mataron a su lider el nazareno, ni siquiera llamada cristiana aún, se convirtió en la Iglesia del mundo occidental (3) y entonces sus fieles se convirtieron en fanáticos, personas muy diferentes de los que comenzaron esta aventura allá en tierras de Judea, hombres con muchas dudas, que esperaban una rebelión con las armas en las manos, pero comprendieron, tarde, que su rebelión debía de ser pacífica y espiritual para, lógicamente, dominar el mundo.

Entre estos apóstoles, a Judas Iscariote le tocó ser la oveja negra, la causa de la ruina de su maestro y la diana de todos los improperios cristianos. Quizás en un plan establecido quien sabe por quién ya se le asignó este papel de villano. O simplemente fue consecuencia de su realismo y el acusado pensamiento materialista que no entendía de promesas celestiales en una vida en el más allá de paraísos eternos. Como se ha mencionado ya, en esta producción de Aspa el personaje de Judas está tratado con honestidad y con justicia, y se le deja actuar y mostrar su personalidad humana, junto al resto de sus conciudadanos, unos fieles, otros fariseos, otros desvalidos, otros romanos, que configuran la sociedad en que se movió por la Tierra el proclamado hijo de Dios. Para algunos, los que le siguen son gente miserable.


Las 30 monedas de plata con los que vendió a su maestro, una cantidad de dinero importante para la época, se convierte en símbolo de traición. Y el beso al que hace alusión el título, es el beso que da Judas a Jesús en el monte de los olivos para identificarlo. También vemos algunos de los milagros que hizo Jesucristo, como una resurrección en un plano espectral que a todas luces hubiera necesitado un poco más de duración para quedar redonda, y aún así está muy lograda, o curar una ceguera, esta vez por medio de Judas. O el agua que se convierte en vino.

La visión que muestra de Jesucristo es la visión clásica (no podía ser menos) de verdadero hijo de Dios caminando sobre la Tierra, hecho carne en forma de hombre, solemne, sin mancha. Es una visión que impone. Creo, puedo equivocarme, que en el cine nunca se ha contado la historia de Jesús negando su origen divino: incluso en la escandalosa 'La última tentación de Cristo' (1988) de Martin Scorsese, adaptación de la novela de Nikos Kazantzakis, se le retrata como hijo de Dios tentado por Satanás, con lo que cambia su vida y así se hace hombre pero con origen divino. En el retrato cómico y paródico de la conocida 'La vida de Brian' (1979) de los Monty Python, se cuenta la vida de Brian, un pobre hombre que confunden con el mesías, mientras vemos de forma colateral al auténtico Jesucristo encarnado con la visión clásica de hijo de Dios, en una crítica al cristianismo y la ignorancia más que a su fundador, pero que yo sepa, nadie ha intentado, o no ha querido, mostrar una visión de Jesucristo como hijo de hombre (4).


La gente que se escandaliza con estas versiones porque tocan el tema de Jesucristo de forma poco tradicional, y para la mayoría de forma irrespetuosa, se ofuscan de tal manera y arman tanta trifulca sin saber lo que critican, que lo único que provocan es darle más publicidad y quedar como lo que son, fanáticos sin cultura ni mucho seso. No es el caso de esta producción de Aspa, versión justa con Judas y fidedigna con la historia de Jesucristo, a nivel, como dije, de cualquier otra producción clásica contemporánea: la figura del nazareno se había venido revisando desde los tiempos del cine mudo, ya fuese directamente, 'La Passion' (1914) de Maurice Maître, 'I.N.R.I.' (1923) de Robert Wiene; o de forma indirecta, 'Ben Hur' (1925) de Fred Niblo, y el excelente remake de 1959, y todas cumplían la visión clásica y etérea de una figura divina. La producción española entra dentro de esa visión y aportando calidad.

Entre el reparto, habituales del cine español, como Arturo Fernández, actor normalmente de comedia, hace del apóstol Santiago, uno de los pocos que tiene algún diálogo y alguna relevancia, junto a Pedro y Juan, sin duda por ser el Santo Patrón de España y eso para un franquista era mucho; Francisco Rabal es el romano que se convierte y Poncio Pilatos es un excelente Gérard Tichy. Por último, el hecho de que nunca se muestre de forma clara el rostro de Jesucristo, excepto una vez y es el actor José Nieto, logra darle más aire de misterio a la figura sagrada que tanto le gusta a los entusiastas de este tema. Duración aproximada: 90 minutos.

Notas:
(1) El ciclo de cine religioso hecho en España comenzó con 'La mies es mucha' (1948) de José Luis Sáenz de Heredia, escrita por el productor y guionista Vicente Escrivá. Escrivá, que fundó Aspa Films, formó un tandem con el director Rafael Gil para rodar una serie de películas de contenido religioso, que se inicia con 'Balarrasa' (1951), y sigue con 'La señora de Fátima' (1951), 'Sor intrépida' (1952), 'La guerra de Dios' (1953), 'El beso de Judas' (1954), 'El canto del gallo' (1955) y 'Un traje blanco' (1956), todas lógicamente apoyadas por el regimen franquista y calificadas de "interés nacional". Esta nota ha sido extraída del libro Aproximación histórica al cineasta Francisco Elías Riquelme (1890-1977) escrito por Enrique Sánchez Oliveira.
(2) Este Lázaro es el famoso Lázaro resucitado por Jesús.
(3) Con el Edicto de Milán en el año 313 d.C., el emperador Constantino dió, por primera vez, libertad de culto al cristianismo, hasta ese momento sus seguidores habían sido perseguidos. En el año 325 se celebró el primer Concilio de Nicea, convocado por Constantino, donde comienzan a asentarse las bases de los principios rectores del cristianismo y su doctrina, como también lo que no debe pertenecer a ella.
Sobre el origen judío del cristianismo, Jesucristo y sus apóstoles formaron una secta judía que años después se independizó del judaísmo, hecho que históricamente está comprobado al igual que la conexión del cristianismo con el judaísmo, como el Antiguo Testamento, que es común a ambas religiones. Friedrich Nietzsche afirma en el libro de aforismos Aurora, aforismo 68, que San Pablo (Pablo de Tarso, nacido entre los años 5 y 10 d.C. y muerto entre los años 58 y 67) fue el primer cristiano y el que creó el cristianismo, al separar la doctrina de Jesús de la ley judía al prohibir la circuncisión para los cristianos. Según Nietzsche, San Pablo llegó a la conclusión de que fue Jesucristo quien aniquiló la ley al morir en la cruz. Antes de la creación de San Pablo, el cristianismo era simplemente una secta judía.
(4) No en el cine, pero sí se menciona en algún texto el origen humano de Jesús. En El libro de Baruc, de Justino, un autor naaseno/gnóstico, casi desconocido, de la gnosis judía, se dice que Jesús "sólo" era un profeta, concebido y nacido de José y María sin ninguna intervención divina, lo que se entiende que no surgió la Inmaculada concepción cristiana y María tuvo su hijo como todas las demás mujeres, haciendo el acto carnal. Jesús ni siquiera es llamado Cristo, sólamente Jesús. Cuando Jesús tenía doce años, Elohim le envió a Baruc, el ángel, que le dijo:
Todos los profetas antes de tí fueron seducidos. Preparate, pues, Jesús, hijo de hombre, para no ser seducido, antes bien, predica esta palabra a los hombres y anúnciales lo referente al Padre y al Bueno, y asciende hacia EL y siéntate allí con el Padre de todos nosotros, Elohim.
Luego sigue diciendo que Jesús predicó. Naas, la serpiente, quiso seducirle pero no lo consiguió, y por eso Naas hizo que lo crucificaran. Jesús abandonó el cuerpo de Edén (sinónimo de Israel) y ascendió hacia el Bueno (Dios). En el cielo Jesús se sienta a la diestra de Elohim que a su vez está a la diestra del Bueno (Dios). Así pues en el texto no es Jesús el hijo de Dios, es sólo un profeta que es recompensado en el más allá. Elohim fue quien creó el mundo junto a su mujer Edén-Israel. Elohim es un servidor del Dios supremo, el Bueno. Los gnósticos fueron declarados herejes por la corriente cristiana oficial que culminaría en el Concilio de Nicea.

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