martes, 9 de mayo de 2017

La heredera (The Heiress) 1949

Una joven poco agraciada físicamente es la heredera de la fortuna de su padre rico. Este sabe que su hija es poco agraciada y puede que nunca encuentre novio, hasta que llega el día en que surge un pretendiente, un apuesto joven que enamora a su hija y pretende casarse con ella. Pero el padre sabe que este joven sólo va tras la fortuna de su hija, y por ello intenta hacer que su hija vea la verdad, lo cual será difícil.


Excelente drama de época de Paramount Pictures, dirigido por William Wyler y protagonizado por actores de calidad como Olivia de Havilland que ganó un Oscar de la Academia por su papel y Montgomery Clift. Hace años Olivia de Havilland se hizo famosa siendo pareja cinematográfica del actor Errol Flynn en producciones de aventuras o del oeste para Warner Bros,. dirigidos de forma usual por el húngaro establecido en EE.UU., Michael Curtiz. Una vez finalizada esa etapa de su carrera a la que puso fin en los años 40, siguió con su trabajo en películas de renombre, como este drama, esta vez para Paramount, y a lado de otro actor clásico, galán, como fue Montgomery Clift.
Montgomery Clift fue un actor cuya vida real encerraba todo los estigmas propios del mundo en que se movía, la fama y el glamour de Hollywood que obligaba a guardar secretos: homosexual, no lo reconocía y le costaba asumirlo, además de que podía afectarle a su carrera al ser un galán de cine que enamoraba a las mujeres (caso igual que el que padecería años después el actor Rock Hudson) secreto que le llegó a atormentar, era además drogadicto y alcohólico. En 1956 sufrió un accidente de automóvil que le afectó el rostro hasta el punto de tener una parálisis facial en un lado de la cara que le afectaba en la interpretación.


Pero es un hecho desgraciado que no es tan aislado como podría parecer, el del galán que sufre daños en su rostro, y que parece tener una extraña conexión en el tiempo con otros casos, quizás los más recurrentes y famosos o por lo menos que resulta más fácil hacer la analogía son estos dos: Mark Hamill y Mickey Rourke. Mark Hamill, el Luke Skywalker de 'La guerra de las galaxias', sin duda su papel más famoso, no tenía los extremos autodestructivos de Clift (se suele decir que hasta en la desgracia, para llegar a ser grande, hay que hacerlo a lo grande) pero era un apuesto actor que encadilaba a las mujeres, también sufrió un accidente de automovil en pleno éxito de Star Wars que le afectó el rostro, dejándole algunas marcas visibles.
El otro caso, diferente pero en cierto modo parecido, de galán de cine cuyos problemas comienzan en el rostro, es el de Mickey Rourke, que puede que se haya tomado a pecho lo que se ha mencionado antes, el hacerlo todo a lo grande, la desgracia y los excesos que normalmente van unidos, galán en 'Nueve semanas y media' (1986) junto a Kim Basinger, su afición al boxeo hizo que su rostro necesitase operaciones de cirugía estética, deformándole el rostro por completo haciendo fácil que olvidemos su verdadero rostro de comienzo de su carrera, una carrera por otro lado prometedora y con muy buena trayectoria con grandes películas como 'El corazón del ángel' (1987) detective que investigaba un feo asunto de vudú y hechicerías donde estaba involucrado el mismo Satanás, un inquietante Robert de Niro, o 'Manhattan Sur' (1985) policía que investigaba en Chinatown. Los accidentes son desgracias que ocurren pero el caso de Rourke es difícil de explicar así como su actitud personal, ni siquiera es autodestructivo como Montgomery Clift, parece simplemente un modo de vida bizarro. Y Mark Hamill tuvo la mala suerte del accidente, sin más. Quizás sea debido a esa grandeza incluso en la desgracia, acaecida por Montgomery Clift, lo que aumente el misticismo de algunos actores, como Clift (el camino de Rourke es diferente), puede parecer cruel pero el morbo de una vida oculta autodestructiva alimenta aún más los mitos y es muy corriente que Hollywood cree mitos así.
Volviendo al tema y perdón por la disgresión, 'La heredera' es un drama excelente: Olivia de Havilland no era una mujer fea pero aquí el maquillaje consigue que su rostro alcance cotas de fealdad, quizás hasta cotas de paletismo, de mujer de miras cortas, patética y poco inteligente que no tiene ningún atractivo. En realidad este es otro de los defectos que su padre le ve [el inglés Ralph Richardson, que sería el guardián de la cripta en Condenados de ultratumba (1972) de Amicus] no la valora mucho y en cierto modo tiene razón, ve más allá que su hija y ve perfectamente que ese apuesto caballero no puede estar enamorado de su hija. Tanto Montgomery Clift como Olivia de Havilland hacen un gran trabajo, con una personalidad fría que oculta sus verdaderos sentimientos. Junto a ellos Miriam Hopkins, tía de la joven, quizás nos despiste y olvidemos que fue la prostituta Ivy del clásico de Paramount El hombre y el monstruo (1931) de Rouben Mamoulian y versión de la novela de Robert Louis Stevenson. En este caso da muestras de ser una mujer, la verdad, bastante ingenua, creo que no le da importancia a los verdaderos sentimientos del pretendiente o quizás, como Havilland, crea que es verdad que está enamorado de la joven y ni siquiera se ha dado cuenta del engaño. ¿Que pasará?. El final es impresionante.
Duración aproximada: 115 minutos.

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